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Por qué sí habrá Copa del Rey de baloncesto en Gran Canaria

b_800_1000_16777215_00_images_2018_02_copaaa.jpgHay hasta 20 millones de euros en juego

“La Copa del Rey se va a disputar. Esperamos que sea con total normalidad, pero si es necesario aplicando todas las medidas que estén a nuestro alcance”. En la ACB están convencidos de que habrá baloncesto en Gran Canaria la próxima semana (del 15 al 18 de febrero). No sólo por esta frase de la Secretaria General de la liga, Esther Queraltó, hecha pública el viernes a través de un comunicado oficial. También por la calma, aunque tensa, que desprende el ente a pesar de la convocatoria de huelga indefinida del sindicato de jugadores, ABP, a partir del día 14.

La maquinaria liguera de cara a atar todos los flecos organizativos del torneo copero está a pleno rendimiento. Quizá porque hay una serie de argumentos que pueden invitar a pensar que la Asociación de Clubes tiene razón al transmitir un mensaje optimista. A falta de un acuerdo entre patronal y ABP, estas son varias de las cosas a las que agarrarse a la hora de defender que habrá Copa.

Un impacto económico irrenunciable

Cada año, la liga encarga a una consultoría un estudio sobre el dinero que genera la celebración de la Copa en la provincia organizadora. Los datos le llegan en torno a mayo, así que todavía se desconoce cuál será el balance del evento en 2018.

Sin embargo, sí sabemos cuál fue el impacto económico, por ejemplo, de las cinco últimas ediciones: Vitoria 2013 (19.637.190 millones de euros), Málaga 2014 (20.919.507), Gran Canaria 2015 (23.710.165), La Coruña 2016 (17.013.000) y Vitoria 2017 (20.700.000). En todos los casos, unas cantidades demasiado altas como para renunciar a ellas.

El evento estrella para las aficiones

Si uno paseaba por el centro de Vitoria las pasadas Navidades, podía encontrarse con alguna agencia de viajes que ofertaba el desplazamiento a Gran Canaria para vivir la Copa de este año. La afición del Baskonia es una de las que más se moviliza de cara a este torneo, pero no la única.

De hecho, se prevé que en Las Palmas haya entre 5.000 y 6.000 hinchas, sin contar a quienes no necesitan desplazarse a las Islas Afortunadas. Otro ejemplo del tirón popular de la competición son los 2.300 abonos vendidos durante la primera hora en la que estos pudieron adquirirse.

A las 2.100 noches de hotel que gestiona la ACB habría que unir las que corren de la cuenta de todos estos seguidores. Algunos, como los miembros de la peña 'Los ojos del tigre' (Real Madrid), ya han protestado por las posibles represalias del conflicto con la ABP: exigirán “la devolución íntegra del dinero de los abonos” y “el reembolso íntegro de los vuelos y la estancia que se necesitaban para este evento” a la liga en caso de que la huelga siga adelante.

Una cobertura digna de mención

Si la Copa ya mueve lo suyo en cuanto a público, no se queda atrás en lo que respecta a los medios de comunicación y a la organización. En primer lugar, fijémonos en el despliegue previsto por Movistar+, la televisión encargada de retransmitir el evento en España: más de 80 profesionales de la cadena en territorio insular, además de 19 cámaras y dos sets de grabación.

Después, hay que fijarse en la cifra de periodistas acreditados para seguir el torneo en vivo, que también es de aúpa: más de 400. Algunos procedentes de lugares como Italia e incluso Argentina. Si a esto se le añade el personal acreditado para trabajar con la ACB, tenemos entre 2.000 y 2.500 acreditaciones concedidas. Tampoco hay que olvidarse de los siempre imprescindibles voluntarios: 117 en 2018. Ni de que la Copa se vería en 140 países. ¿Todo este valor mediático y logístico puede caer en saco roto?

 

 

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