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¿Para qué sirve un reloj de sol en la sombra?

 

Artículo de opinión de Guillermo Uruñuela, director Radio Marca Lanzarote

  • Guillermo Uruñuela
  • Chus Romero
  • Cuando uno aterriza en un sitio nuevo intenta, lo antes posible, familiarizarse con el entorno que le rodea. Por aquel entonces, y ante la necesidad de encontrar trabajo, ejercía ocasionalmente de torpe camarero en un hotel hasta que tuve la suerte (o forcé todo lo que pude esa fortuna) de encontrar acomodo en el mundo periodístico. Un día, antes de iniciarme en el proyecto de Radio Marca me di un salto a la Ciudad Deportiva, como hombre de fútbol, para ver un encuentro de la Unión Deportiva.

    Sitúo al lector para que sepa cómo y cuándo fue la primera vez que vi jugar a Miguel Gómez. No tenía ningún tipo de obligación de acudir a aquel partido y si lo hice fue por puro disfrute. En aquella mañana soleada, recuerdo pinceladas imperceptibles para algunos que me llamaron la atención. Enseguida me di cuenta que aquellos destellos eran impropios de Tercera División.

    Tras muchos años tomándole el pulso a la categoría, en diferentes grupos, era consciente de que ese lateral alocado producía una sensación contradictoria para un foráneo, más aún cuando 15 días después estaba en la grada. Algo fallaba.

    Y es que Miguel es talento en estado puro. Es de esos jugadores incontrolables que juegan desinhibidos, que actúa y luego piensa. La gente cuando va al fútbol, más allá de anhelar la victoria de su equipo, quiere divertirse y yo en los partidos de la UD Lanzarote estoy deseando que coja el balón para ver qué se le ocurre. Gambetea, encara, dispara... es burlón incluso en su manera de proceder. Se siente superior.

    A día de hoy si tuviera que colgarle un cartel definitorio en la espalda pondría: "Jugador con condiciones profesionales y errores propios de Tercera". 

    Cuando veo a Miguel me viene a la mente un ex compañero (S.C). El susodicho (no Miguel) llegaba a los campos de Tercera fumando y les decía a los rivales en mitad del partido que si querían utilizar las manos para quitarle la pelota no había problema. Tiraba penaltis a lo Panenka cuando la presión encoje los pies, ridiculizaba a sus rivales a base de fintas y descaro. Tiraba caños en su propia línea de gol

    De este jugador, de Miguel y de alguno más que me topé en el camino siempre he escuchado lo mismo; "si hubiese querido podría haber jugado en Primera División". Entonces llegaba a casa y pensaba... pues es verdad, por qué no serán tan aplicados y serios como ese lateral tronco que rellena las plantillas. Por qué no trabajarán su físico para poder repetir esfuerzos durante los 90 minutos. 

    Muchas de las leyendas de la música (Hendrix, Scott, Kurt Cobain, Freddie Mercury...) tenían estilos de vida poco aconsejables, alocados y caóticos No seguían un plan de vida sino que simplemente existían guiados por sus capacidades extraordinarias. Y he llegado a la conclusión de que los genios son así. No razonan como lo inmensa mayoría por eso se salen de ella. Miguel Gómez seguirá actuando igual en ese juego constante del todo o nada. Cosa que por cierto me alegra porque si no ya no me divertiría como lo hace e incluso le animo a no esconder su talento porque para eso lo tiene; "¿Para qué sirve un reloj de sol a la sombra?"

     

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