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La mejor versión del español que soporta la navaja

Artículo de opinión de Guillermo Uruñuela, director Radio Marca Lanzarote 104.5 FM 

  • Guillermo Uruñuela
  • Radio Marca
  • A la hora de comenzar a teclear este breve escrito sólo puedo recordar esas imágenes multitudinarias de la gente en la Plaza de Colón, un buen día de 2010, expresando al mundo su orgullo de haber nacido en la tierra de Cervantes. 

    Somos un país con todas las posibilidades del mundo pero, arrollados por una incultura generalizada, nos dejamos atrapar por vicios del pasado. Arturo Pérez-Reverte lo define muy bien con propias palabras; "la Historia de España es una sucesión de oportunidades perdidas, momentos en los que tocamos con los dedos la normalidad y la honradez y no la pudimos conservar".

    Sin embargo, en esta situación caótica que transitamos aparece la mejor versión de nuestro vecino porque si bien es cierto que contamos con muchas carencias como país, tenemos un gen peleón que nos permite reflotar en las situaciones más adversas. Por eso el español puede ser, a partes iguales, canalla u honrado con una navaja en mano como nos relata el académico.

    "Muchos abyectos canallas emplearon la navaja para cobrar el barato, segar vidas, marcar el rostro de mujeres indefensas o alardear de virilidad en el más infame aspecto de la palabra{...} Pero también muchos hombres honrados, oliendo a sudor y a decencia, la abrieron a media mañana junto a la fiambrera en una pausa en el tajo, o en la mesa, ante la familia, para que sus hijos empezaran a comer después de cortar el pan ganado con esfuerzo y trabajo. Letal y peligrosa, criminal o digna, cruel o generosa, la navaja sirvió también, en otros tiempos, para que hombres sin armas y con el valor para pelear por desesperación, hambre o ideologías, con error o con acierto, vendieran caras sus vidas y que, por ejemplo, Goya los inmortalizara con ojos espantados y terribles, acuchillando mamelucos".

    Y con poco más que añadir, he podido volver a ver al español agradecido y consciente del maravilloso sistema -y personal- sanitario que poseemos. También al sarcástico, al ingenioso, al patriótico -colores aparte- y al generoso, que ha hecho de la reflexión, entre gracia a gracia, un ejercicio más profundo que el que se hubiese permitido en situaciones normales. Juntos y solidarios saldremos todos de esta porque somos españoles, para lo bueno... y para lo malo. 

     

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